|
El Tarot
Desvelado
Wallace McLoor
Introducción
El origen del Tarot ha
sido un enigma casi desde el principio de su existencia tal
y como hoy, más o menos, lo conocemos. Pues, a pesar de que
una de las primeras barajas de la que tenemos constancia, la
Visconti-Sforza, data de una fecha que oscilaría del año
1432 al 1466, es decir: habrían pasado desde su creación
entre 574 y 540 años, muy poco, o casi nada, a variado su
iconografía básica hasta el presente.
Muchos y muy variados
han sido esos posibles orígenes que se han ido dando, en el
transcurso del tiempo, en un intento inútil por desvelar su
nacimiento, ese nacimiento que durante tantos siglos se ha
mantenido oculto, no ya tanto, pasados los primeros tiempos,
por las personas sino por el olvido, ese mal que es el
verdadero causante de la muerte de todo lo que existe y ha
existido. Esta ocultación ha dado como resultado justo el
contrario al que, en un principio, se pretendía apartando de
la vista de los demás aquello que, con el tiempo, dio origen
a lo que hoy conocemos como Tarot. Ha dado como resultado la
creación de un método por el cual podemos adivinar
-¿adivinar?- el futuro, predecir aquello que el destino nos
depara; saber cuál va a ser el próximo movimiento que Dios
va a hacer sobre el tablero de juego de nuestras vidas y, de
esa forma, conociendo sus movimientos de antemano, ganarle
la partida, a ser posible con un jaque mate impresionante.
¡Que contrasentido!
Aquellos que nos lo ocultaron para que nadie pudiese dudar
de “su” verdad, al tener oportunidad de compararla con otra
verdad -¿pueden existir y convivir, al tiempo, dos verdades?
Por supuesto. Y más de dos. Dos más dos son cuatro. Pero,
también son cuatro tres más uno, y cuatro más cero, el
número más mágico y con más poder que existe, asimismo son
cuatro-, e intentaron que ninguna noticia se tuviese sobre
ello consiguieron crear un “enemigo” mayor que el que habría
representado el primigenio elemento que tan celosamente
escondieron.
No. El Tarot no
proviene de arcaicos rituales o símbolos del antiguo Egipto.
Ni de los arcanos cultos a Mitra. Ni tampoco de las
“paganas” religiones celtas. Como tampoco deviene de las
leyendas del Santo Grial.
No. El Tarot no nació de
ninguno de ellos, ni de otras prácticas semejantes. El
origen del Tarot es otro muy diferente, otro muy distinto y
que, en un principio, nada tenía que ver con sistema
adivinatorio alguno.
Un
dato muy importante a tener en cuenta es que el Tarot está
compuesto sólo, única y exclusivamente por las veintidós
cartas que componen los Arcanos mayores. Los llamados
Arcanos menores –nuevo contrasentido si nos atenemos al
significado que el diccionario de la Real Academia nos da de
la palabra arcano en sus tres acepciones, a saber: 1ª. adj.
Dicho especialmente de las cosas: secretas, escondidas,
reservadas. 2ª. m. Secreto muy reservado y de importancia.
3ª. m. Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer.
Ateniéndonos a estos significados, el hecho de que existan
Arcanos mayores y menores lo que podríamos entender es que
los menores están menos ocultos, son menos secretos, más
fáciles de conocer y de menor importancia que los mayores.
Cosa totalmente absurda y falsa como puede constatar
cualquiera que conozca ambos aunque sea de una forma
somera-. Pues bien, como decía, los llamados Arcanos
menores, es decir: la baraja clásica de naipes con sus
cuatro palos fue una adición posterior, un añadido en un
intento de hacer más clara y completa la lectura e
interpretación de los Arcanos mayores. Como si tras hacer
una pregunta a alguien sobre cualquier tema y esa persona
nos hubiese respondido hiciésemos a otra persona la misma
pregunta para ver si, con su contestación, nos aumenta, o
nos confirma, de alguna manera, lo que el primero nos ha
dicho. O, como si tras consultar al Tarot, le hacemos la
misma pregunta a cualquier otro sistema de adivinación en un
intento de asegurar la respuesta del ... |